Cuando las mafias se movilizan el resto nos paramos

El paro armado de una red criminal que tiene varias marcas –“Úsugas”, “Urabeños” o “Gaitanistas”– muestra que una minoría armada es capaz de tener bastante fuerza en Antioquia debido a nuestra cultura política: esta tiene la debilidad de dificultarnos la construcción de redes y los impulsos o movilizaciones producto de la solidaridad por el vecino, el semejante y el desconocido que harían quedar desconectada, y en su real proporción, a una red criminal con bastante capacidad de coordinación técnica. En Antioquia el arraigo es fuerte y la capacidad de invención y de imaginación sigue siendo bastante individual (e individualista). Algunos factores culturales como el arraigo y la propiedad son usados por los violentos para hacer que cada uno trate de salvar lo suyo y los suyos y no proteja al desconocido, no abogue por el que no hace parte de su pequeño círculo.

Adicionalmente, la situación se complejiza de fuerza para las redes criminales, tragedia feroz para la población de los municipios del Bajo Cauca donde el sistema inmunológico del Estado puede ser inexistente y los vacíos son totales en algunos municipios. No hay que descartar que el Estado, en algunos lugares corrupto, hace que no se pueda proteger –luego de ser cooptado– contra sí mismo: las mafias. Las mafias tienen una cara bélica, otra comercial y otra política (candidatos, políticos y gobernantes).

Lo que pasa con el paro armado en Urabá muestra que esta es una zona que sigue teniendo tantas potencialidades como fragilidades (no tan lejos de algunos barrios de Medellín). Mientras tanto el Bajo Cauca nos hace preguntar la capacidad que tenemos de tramitar la maldición de los recursos para ocupar el espacio que deja una empresa criminal con empresas legales y justas. ¿Todos por Urabá? ¿Llegó la hora del Bajo Cauca?

Hay que hacer varios mapas: el de nuestra cultura política, el de nuestros espacios cotidianos y el de los jóvenes en estos lugares, pero, también, el más sencillo y es el del territorio estratégico, las rentas y las rutas, donde el Bajo Cauca parece ser el más olvidado a pesar que haya tenido inversión. ¿No es suficiente la inversión o está mal enfocada? ¿Hace falta un plan integral que saque al Bajo Cauca del mapa criminal, de una ruta?