Mapa

Somos un centro de estudios que ha evolucionado para ser parte de una red de pensamiento unida para la divulgación de ideas y procesos con adolescentes. Nuestro propósito son ciudades placenteras y piadosas y organizaciones éticas y estratégicas.

Terreno de Casa de las Estrategias

Nuestro trabajo en Medellín se ha vuelto denso y rico en el desarrollo de redes, teniendo locaciones aliadas en sus 21 territorios, líderes sociales o culturales en 19 territorios para formular alianzas en campañas culturales, veedurías y procesos con adolescentes.

Casa de las Estrategias quiere desarrollar ciudades desde el desarrollo –desde los movimientos sociales mismos– de ciudadanos. Al campesino, al desplazado no se le puede negar la ciudadanía convirtiéndolo en un usuario o en un consumidor (de los beneficios del Estado).

Creemos entonces que el futuro de la política (y de lo público) son las ciudades (rurales, urbanas y siempre en descolonizando la relación con el territorio). La ciudad es la experiencia vital y cotidiana que se va armando y desarrollando por encuentros y desencuentros donde apenas el Estado es una parte de ellos.

Es así como nuestros proyectos y nuestra teoría de transformación es a partir de ciudades de 20.000 o 7.000.000 de personas y dentro de ese entendido queremos hacer desarrollos por fuera de Medellín e intercambios con cualquier ciudad en el mundo.

Medellín

Medellín es un importante “laboratorio” porque ha tenido los peores problemas pero también importantes superaciones.

La ciudad ha tenido la mayor tasa de homicidios (sin una guerra) del mundo. Esto muestra un acumulado de problemas, de una tradición criminal y una importancia de la ciudad en los fenómenos mundiales del narcotráfico (desde donde se inventaron y probaron cosas por vez primera) que tiene profundas raíces que no hemos resuelto. Este indicador de violencia debe ser relacionado a problemas de pobreza e inequidad, problemas de corrupción y una época de debilidad institucional y profunda ausencia del Estado. Medellín sigue siendo una ciudad con miedo, tremendamente hostil para sus adolescentes populares.

Aunque en Medellín también se puede rastrear un acelerado desarrollo institucional que tuvo un hito en recuperación territorial, el acumulado de falta de planeación es más grave que el de una resolución espacial y pasa por su vocación económica que ha dejado un saldo de graves problemas medioambientales peligros para la vida.

Esta historia también nos lleva a las proezas –resistencias y construcciones– de la sociedad civil que –con ONG, artistas, periodistas, académicos y líderes civiles– logró contener lo atroz y dejar erigidos los cimientos para la ciudad de finales de los 80 y principios de los 90 que se recuperaría luego.

El movimiento solidario –con sus cooperativas, educadores, el movimiento artístico –con sus teatros, festivales de música y poesía, graffiteros, ilustradores y escritores; la academia y los intelectuales –desde Fernando González hasta María Teresa Uribe– y las ONG que llegaron hasta los barrios donde el Estado no llegaba o no quería entrar, son múltiples historias que hay que contar y están vivas para dar los siguientes pasos de una ciudad que dista mucho de estar resuelta.

Colombia

Aunque Colombia pasó de ser un Estado fallido –en los 80’s– a un Estado que está construyendo su propio rumbo, el desarrollo institucional no parece ser un balance perfecto, ni un continuo. El Estado llegó a muchos territorios en la primera década del siglo XXI y la reducción de la violencia es innegable, más hoy con la oportunidad de la paz con las FARC-EP, pero también la corrupción sigue siendo un problema enorme, la clase política no parece recoger los movimientos sociales y la riqueza cultural del país y el desajuste institucional es enorme y peligroso –con una politización de la justicia y un enorme clientelismo.

Aunque Colombia –ya fuertemente urbanizada– tiene unos buenos estándares de libertad de opinión y libertad de agremiación, la ciudadanía tiene una escasa tradición crítica y participativa y aún los colectivos con un intenso interés en lo público tienen dificultades para mantener una constancia y no funcionar sólo por coyunturas y desarrollar verdaderas redes que lleven a una transformación.

Más allá de que en Colombia la pobreza y la inequidad sigue siendo un problema enorme, la desatención de la ruralidad es enorme, lo que ocasionaría –de seguir las cosas así– un empobrecimiento de las ciudades –primero– y una crisis alimentaria –segundo.