Policías de Medellín frente al homicidio

Este estudio fue financiado por Open Society Foundations y es un adelanto de un proyecto editorial mayor. Un siguiente paso de esta investigación es la discusión con la literatura desde un estado del arte. 

Movimientos, Canales y Símbolos

Avance investigativo

Este documento es un avance de una investigación. Consiste en la presentación del análisis de evidencia. Nos motiva la convicción de hacer una academia abierta y procesos investigativos colaborativos.

Se llevaron a cabo 21 grupos focales en todas las estaciones de Medellín durante el 2016. El instrumento de los grupos focales fue diseñado de acuerdo a hallazgos previos mediante entrevistas a profundidad de amigos y familiares víctimas de homicidio y a adolescentes de colegios públicos.

Contexto y motivación

La Policía colombiana en Medellín no es una Policía letal, haciendo que en la opinión pública el tema de las muertes a manos de la Policía no sea el primer problema a resolver. Las personas en muchos territorios de la ciudad sí están muy distantes de la Policía y la capacidad criminal sigue rebasando de varias formas el servicio de la Policía.

Por otro lado, el homicidio en Medellín como en tantos lugares de Latinoamérica, es coincidente con jóvenes excluidos y nos hemos querido concentrar en la relación de la Policía con jóvenes de la periferia pobre de Medellín. La relación de los y las policías con jóvenes populares en Medellín tiende a no ser buena y -por lo tanto- a no producir protección.

Hicimos este estudio con la pretensión de que la Policía puede aumentar su competencia para prevenir homicidios -tanto dentro de grandes programas interinstitucionales como en el servicio simple y cotidiano de un binomio de policía-.

Proteger a víctimas potenciales de homicidio

Ilustración 1 – Infográfico Proteger a víctimas potenciales de homicidio. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Policías muestran buena disposición a la protección de víctimas potenciales de homicidio en 5 territorios (de 21) muy distintos de Medellín que prestan servicio, uno en el centro, otro en la periferia urbana, dos en zonas rurales tranquilas y una zona de altos ingresos (residencial y comercial). Esto significa que un aproximado del 25% de los policías en la ciudad tendría una disposición y una tendencia clara a proteger a un joven popular y así evitar un homicidio. Adentrándonos más en las discusiones de los grupos focales nos aparece una medición de 10% de los policías que no sólo accederían a este tipo de función y servicio, sino que lo liderarían -desde cierto punto de vista- más allá del deber.

“Para uno puede ser un día más de trabajo, eso no es nada. Pero para esa familia a la que uno le ayudó significó mucho.” (GFPZ, 2016)

Aunque no es común está disposición en el servicio en los territorios de bajos ingresos (encontrándola sólo en 1 de los 11 territorios), la excepción muestra que es posible que allí también aparezca.

Esto hace que la Comuna popular de Medellín donde aparece esta tendencia sea de mucho interés. Allí descubrimos un claro ánimo de los policías de considerarse fuerza protectora para evitar un homicidio o proteger a la típica persona que está amenazada de muerte.

“En el 2009 nos tocó sacar muchos pelados que ya veían que los que seguían eran ellos.” (GFPA, 2016)

La legitimidad del actor criminal no es un obstáculo. Ya que en 3 de los 5 casos donde aparece la disposición a proteger los policías se preocupan por una alta legitimidad del criminal en el territorio. Sin embargo, en el territorio popular donde es significativa la disposición a evitar un homicidio, la percepción del policía no es la de legitimidad criminal y sí la de apoyo a la Policía (GFPA, 2016).

Aún las percepciones del Policía son sumamente importantes porque define un perfil de la acción. Donde un policía ve alejamiento de la población uno lee miedo al criminal, otro lee rechazo al policía y otro apoyo irrestricto al crimen.

El territorio popular donde la Policía se muestra dispuesta a proteger a una víctima potencial de homicidio, es un territorio con enormes desafíos socioeconómicos (como el que más en Medellín) y una profunda tradición criminal, pudiendo haber sido el territorio de Medellín con mayor control territorial (junto a la Comuna 8) de las denominadas Autodefensas Unidas de Colombia (y antes la ACCU).

En ese territorio lo que entendemos es una suma de trayectorias donde se complementan policías jóvenes con experiencia en varios territorios y suficiente capacitación, con policías veteranos con mucha experiencia en ese lugar (y un entrenamiento menor o un poco anticuado). Lo primero es que esta es una de las estaciones con la moral más alta y lo más significativo es que la moral no viene de la institución policial afuera ni de otra institución, viene de la misma dirección de la estación y el compañerismo que allí se da.

La hipótesis que rebasa los objetivos de este estudio es que -sin llegar a ser idílico- en este territorio la función de la Policía se complementó con organizaciones de base y defensores de derechos humanos y la oferta institucional (expresada en infraestructura y programas de bienestar social) ayudó a llevar una red criminal muy fuerte a tener un papel menos importante en la vida social.

Ilustración 2 – Nube de palabras Razones y circunstancias frente a la protección. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017.

Volviendo a las demás estaciones donde es fuerte el desánimo y la impotencia para proteger a una víctima potencial de homicidio, llegamos a las explicaciones. El miedo aparece con más fuerza como explicación para que la víctima potencial no se acerque.

“Temor porque hay quienes les dicen, usted denuncia y lo matamos.” (GFPÑ, 2016)

El miedo como explicación para no pedir protección aparece en la mitad de los territorios. En los lugares de altos ingresos la falta de experiencia cotidiana con el homicidio dificulta la noción de la protección y así no aparece el servicio de policía relacionado. En otros 4 lugares de bajos ingresos de Medellín se impone el involucramiento en el crimen de la víctima promedio de homicidio como explicación para no acercarse a la Policía a pedir protección.

Más preocupante es que en 4 lugares de bajos ingresos (3 donde aparecía la explicación de fuerte involucramiento criminal) los policías explican que no se animan mucho con la idea de proteger a un pelado que en todo caso van a asesinar. Los argumentos que se empiezan a esgrimir acá son los del despropósito que es cuidar a alguien que ha hecho daño o no respeta las normas y el de la impotencia por proteger a alguien que “ya está pago”.

“Él que está pago está pago: es comercio, es negocio, es el sicariato, defender el barrio” (GFPM, 2016)

“A nadie matan por bueno” (GFPM, 2016)

“Los pelados les toca sufrir pa´ que aprendan, cuando ya se ven amenazados ahí sí aprenden.” (GFPK, 2016)

Carácter policial

Como era de esperarse hay una relación muy estrecha entre la disposición a proteger y el discurso de vocación sobre ser policía. Donde el discurso de vocación no es tan alto pero la disposición a proteger sí, se analizan importantes quejas y un deterioro del bienestar del policía. Curiosamente ante condiciones comparadas de bienestar deficientes hay grupos que mostraron alta vocación y alta disposición a proteger. Esto muestra que la cultura institucional -que se desarrolla desde la correcta selección en el ingreso, un buen entrenamiento y una correcta comunicación y reentrenamiento- puede estar por encima de las circunstancias e incluso de los incentivos.

Ni que tan peligroso creen que puede resultar para ellos un joven popular, ni la explicación (o móviles) del homicidio. Parece ser definitivo para el ánimo a proteger. Sin embargo, el ánimo para proteger sí se encuentra muy relacionado a los estigmas: estigma sobre Medellín (teniendo en cuenta que la mayoría de los policías no son ni de la ciudad ni de la región), estigmas sobre territorios, sobre la pobreza y sobre la juventud. Esta amalgama de prejuicios -que todos tenemos en alguna medida- hace que un joven en cierto barrio de Medellín pueda ser automáticamente sospechoso para un policía.

Cuando les preguntamos a los policías sobre cómo reconoce un joven o adolescente involucrado en el crimen hubo un grupo donde los problemas graves de estereotipos no aparecieron y en ningún grupo hubo consenso sobre ellos: el tipo y color de vestimenta con nociones como “el ancho de la ropa” y “los lujos” aparecieron, pero muy lejos de ser un criterio para la mayoría.

El principal grupo de respuestas para identificar a un joven en el delito fue por la actitud, los comportamientos, los gestos y los modales.

“A una persona se le ve por encima la falta de valores, su educación, su agresividad (…)” (GFPD, 2016)

“Agrandado, pierde la pena, pierde todo” (GFPD, 2016)

Sin embargo, sobre esta pregunta se entra también en una contradicción muy grande: las discusiones se forman en torno a la experiencia de algunos de que los jóvenes o los adultos jóvenes involucrados en el delito son los más amables. Esto llega hasta una complejidad muy grande de que si el crimen es suficiente sofisticado no entra a chocar con el policía y si es un grupo pequeño, suelto, sin gran estrategia es más factible que irrespete o incluso que agreda al policía.

Sin embargo, sobre esta pregunta se entra también en una contradicción muy grande: las discusiones se forman en torno a la experiencia de algunos de que los jóvenes o los adultos jóvenes involucrados en el delito son los más amables. Esto llega hasta una complejidad muy grande de que si el grupo criminal es suficientemente sofisticado no entra a chocar con el policía y si es pequeño, sin el amparo de una gran red, sin estrategia es más factible que irrespete o incluso que agreda al policía.

Esta lógica de Medellín es contraria a la de muchos lugares en el mundo -pero conceptualmente es muy valiosa-: mientras menos sofisticado es el grupo más agresivo es con la Policía. Lo que hay detrás de esto es que la violencia de Medellín no está integrada por grupos insurgentes y más bien a donde llegó la tradición es a un comportamiento mafioso donde los grandes grupos apuestan más fuerte a la corrupción que a la violencia (en su relacionamiento con la institucionalidad).

“A mí me tocó desarticular una banda de 30 personas. Yo me acercaba a ellos y les decía: cuando se caigan, ustedes saben lo que les va tocar enfrentar conmigo. Yo empecé a buscar la manera de desarticular a ese combo, pero también buscar la manera de ayudarles con particulares.” (GFPH, 2016)

Muchos policías saben usar este aprendizaje bien y les sirve la relación misma para poner límites, evitar violencia y -por su puesto- para investigar. Sin embargo, una minoría parece mostrar cierta devoción por el buen trato de la persona involucrado en el crimen con expresiones como “esos sí son unos señores”.

En este punto del trato afloran varias anécdotas de jóvenes y adolescentes resentidos porque los detienen o los requisan a ellos cuando -en el concepto de estos- deberían estar persiguiendo a otros. Este tipo de anécdotas y de percepciones del policía son polémicas, porque la inmensa mayoría de los policías sienten que deben estar persiguiendo a todo tipo de consumidor de drogas. Y aunque no se preguntó directamente, en ningún caso cuando se formaban las discusiones sobre el consumo de droga algún policía aclaró que el consumidor no era un delincuente, lo que sí ocurrió fue decir que el consumo lleva a todo tipo de delitos (tanto espontáneos como estratégicos). La idiosincrasia del policía actual -sin poder precisar qué parte es adoctrinamiento- es de igualar el consumo de drogas al abuso y el abuso al delito.

En un segundo nivel -también mayoritario- para reconocer a un joven involucrado en el crimen, aparece -el deber ser- de valerse sólo de las redes de inteligencia, el trabajo detallado de información o la denuncia.

En un tercer nivel -inmediatamente anterior de la apariencia- también aparece con una recurrencia significativa -aunque minoritaria- la lógica de los hábitos, los tiempos, el poder adquisitivo y los espacios. No podemos juzgar con severidad la franqueza de plantear que -en ciertos contextos de Medellín- un joven que no sale a trabajar, no tiene un negocio público y tiene algunos bienes de lujo o incluso una moto es sospechoso de estar en una economía ilegal. Como dice un efectivo de policía “no hay ningún trabajo en el que le paguen a uno millones por quedarse en una esquina” (GFPA, 2016).

Sin embargo, en estos discursos y descripciones complejas otros estigmas y miradas atávicas se imponen cuando no se centran en las lógicas económicas y se desplazan hacia el ocio, los tiempos y los espacios -que son perfectamente legales-.

Vuelve a aparecer de primero el consumo de droga como una asociación inmediata en ciertos territorios a hacer parte de una organización criminal, luego el exceso de fiesta (que puede estar asociado al consumo de licor), tercero el mero ocio que puede llevar a confusiones muy incorrectas como que un joven desempleado en ciertos territorios es automáticamente un delincuente y -finalmente- la hora de estar en la calle o incluso estar en la calle misma ya que “un joven debe estar en el hogar o en la escuela” (GFPj, 2016).

1)El comportamiento y el trato al Policía.
2)Las redes de inteligencia e información con la misma denuncia ciudadana.
3)El ocio, la vagancia, el dinero y el uso del espacio público y los horarios.
4)La apariencia.

Ilustración 3 – Infográfico Cómo reconocen a un joven involucrado en el crimen. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Lo que empieza a quedar claro acá es la poca lectura de contexto sobre los adolescentes urbanos, llegando fácilmente a concluir que un adolescente debe estar en su casa a las 6pm, en contextos socioeconómicos y urbanísticos donde eso no es lo lógico. Esto está ligado a que muchos policías piensan que alguien antes de los 18 años no debe tomar sus propias decisiones y -como consecuencia lógica- no es un interlocutor válido.

Concentrándonos en cómo resolver lo anterior y lograr diálogos (para la protección) con jóvenes populares, encontramos que en dos de los territorios -donde el policía no tiene que experimentar mucha violencia- se le concede al adolescente y joven mayor capacidad de agencia. De tal manera, la percepción de peligrosidad del joven popular no está del todo relacionada con el ánimo a proteger, pero si el policía percibe una menor amenaza empieza a comprender otras motivaciones del joven, lo que contribuye a otro tipo de relaciones y diálogos.

Se pudieron encontrar compaginados con la protección discursos muy conservadores y moralistas, así como posiciones más moderadas frente a las costumbres, por lo que es claro que esto no explica la tendencia de un policía a proteger o dejar de hacerlo. Se impone en tres grupos (de 21) que es muy importante lograr más consecuencias jurídicas para los menores de edad y en uno de estos se articula expresamente con la preocupación para tener una ruta institucional para proteger la vida de jóvenes y adolescentes, mostrando que un policía puede tener ideas clásicas sobre la justicia y aún así tener la suficiente sensibilidad sobre salvar vidas.

Cuando le preguntamos a los policías qué fue lo más difícil o maluco de su adolescencia, tres cuartas partes de los policías no lograron ninguna identificación con los jóvenes que tratan, pero en una cuarta parte hubo silencios y risas donde alguno reconoció que ese ejercicio de ir tras el punto de vista del adolescente casi no se realizaba.

Mientras que en un aproximado de 75% de los participantes aparece que su adolescencia fue perfecta en un pueblo (bastante rural) y que “gracias a la disciplina es el hombre que es” (GFPZ, 2016), en el otro 25% se impone que lo más difícil de su adolescencia fue la autoridad y los controles impuestos y ligado a ese tipo de consenso asuntos como la fiesta, la hora de entrada y la consecución de novia era lo más difícil.

Los policías de Colombia que prestan servicio en Medellín son claramente adultocéntricos, conservadores y algo clasistas. Pueden sentir respeto por un habitante mayor en lo popular, pero difícilmente comprender o darse a un joven o a un adolescente y la mirada sobre ellos es principalmente de control: se sienten obligados a controlarlos porque alguien más no lo está haciendo. Más aún los jóvenes urbanos les parecen ante todo impredecibles e irracionales, siendo la única forma de explicar su irresponsabilidad.

Aunque los estigmas por Medellín, están muy articulados a ciertos territorios de bajos ingresos y exclusión, también tienen una lectura crítica sobre la criminalidad en los estratos altos, la convicción de que las personas de altos ingresos no pueden enfrentarse a una sanción o control de la Policía, así como asoma tímidamente la desazón con el establecimiento y la dirigencia.

“Los jóvenes tienen una actitud mala frente a la Policía porque son de comuna, poca cultura.” (GFPG, 2016)

Propuesta: visión estatal y social

El policía que presta servicio en Medellín -que no hay ninguna razón para que no sea representativo de los policías de Colombia- es de tendencia conservadora, está agotado y quiere ser más valorado, es crítico o autocrítico de la institucionalidad (aunque siente orgullo por la Policía y la siente mejor que otras instituciones) y desconfía y se siente vulnerado por la clase política, el rumbo que lleva el país y la falta de excelencia en el ejercicio de lo público.

“La Alcaldía debería estar con todas sus instituciones en el territorio” (GFPC, 2016)

Así como algunos mostraban un fuerte orgullo otros mostraban preocupación y eran fuertemente autocríticos con la Policía. En esta autocrítica lo que se lee es un deseo muy grande de recuperar una institución importante, destacada y que les da un gran estatus.

Las recomendaciones sobre la familia -ligada a la supervisión y los valores-, desarrollada como una tesis de tradición, es la que más se repite y se enuncia con más vehemencia. Una minoría de policías por razones más que todo practicas -y en muy pocos casos por razones filosóficas- contraargumentaron que es un problema más del Estado que de la familia y ahí afloraron dos tipos de argumentos: los de la posibilidad de que la escuela se encargue de formar ciudadanos y los de la deuda social y la falta de constancia en los programas sociales.

La política social que tanto se argumentó -como respuesta al delito- en estos grupos está dividida en tres: superación de la pobreza (1), utilización del tiempo libre de adolescentes y preadolescentes (2) y educación (3). Educación es la política social privilegiada y unificadora para la Policía porque une las preocupaciones sobre familia -que no se tiene una propuesta concreta- con la supervisión y valores y se enuncia como la herramienta para superar la inequidad.

Ilustración 4 – Infográfico Propuesta: Visión Estatal y Social. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017.

1)Familia, valores y supervisión
2)Inversión social: educación, oportunidades y utilización del tiempo libre: continuidad de programas.
3)Comprensión del policía y respeto por la autoridad.
4)Protección jurídica del policía.
5)Sanciones reales para adolescentes y para los que agreden a un funcionario. Más endurecer las penas que bajar la edad y más resolver la falta de castigo que usar la fuerza.

En 3 grupos surgió con mucha fuerza el vacío que dejó el desmantelamiento de la Policía Comunitaria en Colombia – que efectivos de la Policía expresan que es necesario para articularse al tejido social en un territorio con el que se prevenga el delito-. Los y las policías en los grupos focales le dan una importancia mayor a las relaciones y la confianza que a la operatividad y muchos logran sincerarse de que necesitan apoyo de componentes de la Policía especializados en esto.

Curiosamente vemos como el tema del castigo y de la sanción, aunque aparece en 18 de los 21 grupos focales, aparece con menor fuerza que los temas sociales y preventivos. Este tema, aunque no aparece con la misma fuerza que lo social, no genera ningún debate cuando algún policía argumenta que -primero- los adolescentes saben que no les va a pasar nada por delinquir debido a la laxitud de la norma y -segundo- que los grupos criminales utilizan a adolescentes porque es estratégico por la impunidad que les genera la normatividad colombiana.

Aunque el tema de reducir la edad de imputabilidad no aparece textual, si es recurrente proponer sanciones más fuertes -primero- para los adolescentes – y -segundo- para los delincuentes en general.

“Atacar un funcionario público es como atacar ahora a la mamá: no pasa nada”(GFPC, 2016)

De los afanes de efectividad es importante anotar que ellos no relacionan la efectividad al uso de la fuerza. Es muy valioso ver que el policía entiende que es poco estratégica la fuerza y se concentran más en un proceso de justicia que no sienten que esté bien estipulado y donde tienen que lidiar con instituciones que van a un ritmo diferente y que no están en el territorio.

Problematizando un poco esto, aflora la discusión de que no quieren intervenir en una situación de violencia por miedo a quedar inmersos en un proceso judicial. Los Policías explican que por cualquier agresión, incluso algunas que son en defensa propia, pueden requerir de un abogado que los defienda en un proceso. Frente a esto también responsabilizan los debates reaccionarios impulsados por los medios en los que estos impulsan a un superior a que los suspenda o incluso que los retire de la Policía sin que todavía haya una verdad judicial.

Ilustración 5 – Infográfico Preocupación en atención de servicios. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017.

Aún si no se quiere caer en una política de mano dura y se quiere cuidar todo avance para que la Policía colombiana (en Medellín) sea poco letal, es necesario tener en cuenta que un extremo de cuidado burocrático y falta de confianza en los procesos judiciales y de sanción, llevan a la Policía a una inacción evitando intervenciones que también podrían salvar vidas. El contrario de una Policía violenta no debería de ser el de una Policía paralizada en supuestos burocráticos egoístas.

Haciendo un análisis cercano a las recomendaciones, uno quisiera que los policías no produjeran enfrentamientos y mucho menos que iniciaran ellos mismos una agresión, pero la queja de pobladores populares de que la Policía se demora en llegar a enfrentamientos y que incluso cerca de balaceras prefieren la inacción y llegar cuando la balacera termina. Esto crea una imagen tétrica de que el policía llega sólo para el levantamiento de los cadáveres.

Técnicamente sería ideal que cuando ocurre una balacera -que aunque ya no son cotidianas en Medellín siguen ocurriendo cada uno o dos meses- la Policía fuera capaz de capturar a todos los implicados aún antes de que alguno de ellos sea asesinado; pero si nos vamos a la complejidad del oficio, un policía puede tener el suficiente entrenamiento para inhabilitar o incluso herir a los implicados en una balacera sin que terminen muertos y en algunos casos -muy graves- evitar la muerte de varios aún con el costo de la vida de uno de los implicados en la balacera.

Aun privilegiando la prevención sobre la intervención armada, la no intervención no es un camino completo y no es todo lo que podemos hacer para salvar vidas. Sofisticar las instituciones y trabajar sobre lo construido es que un policía entiende que tiene que proteger la vida a toda costa y no producir o incentivar ningún tipo de violencia, pero que si tiene que usar la fuerza o incluso la violencia en una situación crítica también puede contar con todo el apoyo jurídico.

Necesitamos también una suficiente diferenciación de situaciones y atenuantes en el cumplimiento del deber. No se puede meter en la misma bolsa jurídica a un policía que actúo en un enfrentamiento entre grupos criminales a un policía que en extrañas circunstancias asesinó a un poblador que -armado o no- no estaba en un episodio violento en el momento de su muerte. Para esto hay que contar con la colaboración de las personas, la lectura de llamadas y denuncias y del contexto donde el policía tuvo que actuar.

En Medellín -como en tantas ciudades en Latinoamérica- existe un bajo respaldo de la ciudadanía a su Policía y más en los contextos y momentos críticos y decisivos. Más que intentar responder cómo se desencadenó esto y quién o qué tuvo la culpa inicial, lo importante es detallar que esto es un círculo vicioso que hay que interrumpir desde la institucionalidad, o más bien con la iniciativa y ejemplo de la institucionalidad.

Interrumpir estos desde la institucionalidad es darle todo el valor al servicio del policía, hacer un trabajo mayor de comunicaciones, luego de diálogo y finalmente desarrollar la confianza. Conforme se avancen en los procesos donde las personas puedan poner quejas sobre los policías que se exceden y hacen mal su trabajo, las personas también desarrollaran confianza para trabajar con los policías autorregulados y que hacen bien su trabajo.

A diferencia de lo militar y los grupos de choque para amenazas alzadas en armas, muchos componentes de la Policía necesitan del apoyo ciudadano y del tejido social. Se necesita una ciudadanía activa, crítica y a la vez generosa con el ejercicio de la Policía, que pueda a la vez acusar y defender. Dentro de los proceso judiciales complejos que se tienen que afinar los Policías que quieren hacer bien su trabajo tienen que sentir que una comunidad o un ciudadano cualquier también puede hablar en un proceso en su defensa.

A pesar de que pueda sonar impopular, hay que combatir el rasgo cultural muy fuerte de “no es asunto mío”, “no soy un sapo” y “cada quien en sus asuntos”. No se cree que el camino sea una ciudadanía de informantes, pero por su puesto sí una ciudadanía que va desarrollando instituciones de justicia en la medida que denuncia.

Este tema hay que comprenderlo a la luz de que los policías se preocupan de que los grupos mafiosos sean más efectivos que ellos en evitar que un agresor o ladrón cometa el delito o reincida y así quieren ser útiles y valorados. Los policías quieren ser comprendidos y quieren tener suficientes herramientas para ser útiles.

Cómo se quiere la policía

Uno de los grupos focales donde surgió un claro consenso sobre proteger a las víctimas potenciales de homicidio (normalmente jóvenes populares) manifiesta falta de apoyo de la ciudadanía, mientras que los 4 están satisfechos con la disposición ciudadana. Esto muestra una tendencia de círculo virtuoso que aumenta el coeficiente de protección frente al homicidio: el policía siente apoyo de la ciudadanía este siente más deseos de apoyar y viceversa.

Ilustración 6 – Infográfico Círculo virtuoso. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Quieren ser valorados, sienten que en Medellín hay un rechazo a la Policía en lo popular que puede ir desde la indiferencia -y no querer relacionarse con esta- hasta las asonadas. En la mitad de los grupos focales sale el tema del irrespeto de la clase alta por la Policía en toda Colombia que aflora cuando ellos son el motivo de una sanción o un control.

Ilustración 7 – Sensación propuesta por la Policía. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Una mitad de los policías hablan de respeto por la autoridad y la otra mitad de que entiendan su trabajo y su funcionamiento. Los del primer grupo están pensando en un mensaje para niños, niñas y adolescentes y los segundos en un mensaje para toda la comunidad, donde aflora una minoría importante que tienen como objetivo un policía amigo de niños, niñas y adolescentes.

Ilustración 8 – Infográfico Los policías quieren. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

La Policía colombiana tiene una fortaleza normativa -que no hay que subestimar- porque esta puede ser filosofía y volverse en una fuente de convicciones para un trabajo muy duro -en contextos difíciles-. Saber lo correcto no siempre es suficiente pero siempre va a ser un primer paso.

Ante la pregunta qué debería de sentir un joven, un adolescente popular, sobre la Policía, en cada grupo focal se impusieron conceptos propios de una evolución institucional democrática.

Confianza y satisfacción; amistad y autoridad; confianza y satisfacción por el trabajo; respeto, admiración y amistad; seguridad, tranquilidad y amistad; humanidad (semejanza) y ejemplo; amor (a la institución), confianza y admiración; amistad y admiración; amigo, ejemplo y líder; protección, cuidado, amigo y autoridad; respeto y seguridad; confianza; respeto; respeto y satisfacción (por el trabajo); respeto y apoyo (al joven); amigo, confianza y autoridad; amistad, protección y apoyo; seguridad y protección; agradecimiento, respeto y ejemplo.

Llama mucho la atención que de 149 policías sólo uno mostró que no le importaba lo que sintiera un joven de él o de sus compañeros; los demás se mostraron ampliamente interesados en esa sensación de los jóvenes sobre ellos.

Ilustración 9 – Infográfico Miedo diferente a respeto. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Fue muy positivo también que se diera una gran separación entre miedo y respeto, acercando mucho más el respeto a la confianza. Sin embargo, el hecho de que el respeto haya sido lo que más aparece en las discusiones y lo que produjo discusiones y anécdotas más largas, muestra que el respeto podría resumir el principal anhelo del policía.

Esta pregunta da pie para que algunos policías entren en una nostalgia de otra época -y a veces de los contextos de municipios más pequeños y rurales- donde -primero- los adultos pedían indistintamente a los menores que acataran al policía y -segundo- podían asustar un menor porque podían reprenderlo de alguna forma leve. Más allá que querer inspirar un miedo peligroso, los policías se sienten burlados por la falta de herramientas o impotencia y es normal que quieran significar un riesgo o una consecuencia para un delincuente o alguien que está afectando a los demás.

-¿Qué debe sentir un joven popular sobre la Policía? -”Cuando está en delincuencia, miedo porque lo van a atrapar.” (GFPW, 2016)

Los policías expresan con una notable angustia anécdotas de adultos desautorizándolos frente a sus hijos, las anécdotas van desde mamás en contra de ellos por recomendar una sanción impuesta en el hogar a un preadolescente o adolescente, hasta papás regañando a sus hijos por saludar a la Policía. Más que decir si ese anhelo de ser respetado es correcto o incorrecto, es seguro que tiene que ser una emoción a ser atendida porque desde la emoción de ser desautorizado (con irrespeto) es imposible desarrollar la Policía que queremos.

“La cultura que les enseñan los padres a los niños es de que no deben saludar al policía. Me pasó un día que un niño me saludó y el papá lo regañó por qué me saludaba diciéndole: ¿por qué lo saluda si ellos fueron los que me llevaron a la cárcel?” (GFPC, 2016)

Una mirada comprensiva (y no facilista) implica romper esa dinámica microespacial de la Policía como un ejército de ocupación -con programas graduales y constantes.

Que en 9 de los 21 grupos la palabra amistad o amigo haya estado en la primera línea de las sensaciones que pretenden que alberguen los jóvenes sobre la Policía esconde una sensación de enemistad o de sentirse enemigos en algunos micro-espacios. El anhelo de amistad es la mejor forma emocional que ellos encuentran para romper esa dicotomía.

Del respeto es lógico que se desprenda la utilidad y esta sana relación que la gran mayoría de los policías establece hay que cuidarla porque muestra que los anhelos del policía no son comúnmente de fuerza y menos de violencia.

El problema de funcionalidad -que los policías enmarcan como contar con la satisfacción sobre la labor- es que depende de otras instituciones o de un proceso de justicia sobre el cual no hay ningún policía (y probablemente ningún colombiano) sobre el que esté satisfecho. Consiste en la necesidad de una solución que dentro de nuestra idiosincrasia (la que compartimos con ellos o la de la opinión general) pasa por una sanción muy simple -que consiste en aislamiento o escarmiento-.

Por una parte hasta que la opinión general no se reconcilie con una resocialización que comience desde la sanción cultural y colectiva, los policías no van a encontrar comprensión sobre su tarea. Segundo, más allá de una tendencia reaccionaria donde se instala el populismo punitivo, tenemos que entender lo lejos que está la Fiscalía de la Policía y el estancamiento institucional en el que está el sistema penitenciario.

La utilidad se puede conducir bien desde una clara concepción sobre protección y apoyo que también coincide con sus tesis sobre la explicación social del delito. Desde la utilidad, se puede llegar a querer ser comprendido -más allá de la labor- hasta lo personal- reconstruir la semejanza y ahí la simpatía.

“(…) Somos seres humanos como ellos. (…) también jugamos fútbol, tenemos familia, descansamos, de vez en cuando nos emborrachamos. Ellos no tienen conocimiento sobre nuestra labor. Nosotros procedemos actuando o no actuando. A nosotros también nos puede pasar algo por no hacer nuestra labor.” (GFPU, 2016)

El camino de ser respetado, va hacia ser útil, luego hacia ser comprendido y finalmente ser ejemplar. La ruta donde coincide la gran mayoría de policías podría ser muy positiva: alguien que quiere ser ejemplar cuida mucho su comportamiento y luego la mayoría de sus vínculos.

En su propia tesis sobre la sociedad ellos pueden ser un modelo a seguir para jóvenes y desde ahí compaginar la ejemplaridad con el liderazgo.
Esta se vuelve una conversación de introspección donde salen a flote los mejores rasgos de la doctrina policial sobre servicio y confianza, pero donde también se dan desahogos de lo duro de la tarea y los contextos de rechazo.

“Lo ideal es que sientan confianza” (GFPW, 2016)

“Nosotros nos concentramos en cumplir el horario, no nos damos cuenta del potencial que tenemos en el uniforme para mejorar la comunidad.” (GFPH, 2016)

Se reconoce también que el exceso de trabajo -que no sólo genera fatiga sino problemas en las relaciones afectivas y familiares- es causante de un enfriamiento, indiferencia y endurecimiento frente a los problemas o sufrimientos de pobladores y que -de esa manera y en medio de las presiones por el resultado- el policía puede llegar también a ser irrespetuoso rompiendo una ecuación de respetar para ser respetado.

“La Policía tiene que ser más respetuosa” (GFPJ, 2016)

El panorama de la Policía colombiana en el 2016 es de abandono y los problemas en Medellín de relacionamiento y ocupación del territorio son graves, pero estamos seguros con este análisis que hay una fuerte virtud en el policía promedio de revisión y mejora y que si no fuera por un buen número de policías y el desarrollo de esta institución (parcial y nunca completo) tendríamos problemas de inseguridad y violencia más graves.

Abandono y desprotección

Ilustración 10 – Infográfico Abandono y desprotección. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

Hay muchos componentes desde los cuales es posible seguir desarrollando incentivos para la Policía colombiana que necesitamos: lo pensional, la vivienda, las condiciones técnicas y logísticas y el presupuesto para su formación. Si bien el salario no es una enorme ventaja para los patrulleros y suboficiales, está claro que con esos salarios se vive en Colombia y hay que poner de manifiesto que un maestro de escuela puede ganar menos que un patrullero sin experiencia.

El cuidado de la institución de la Policía tiene que comenzar por un programa serio de descansos y horarios que esté pensando para que la psiquis del policía mejore y recupere o fortalezca el vínculo con su familia. Para la mayoría del policía colombiano (como es común con toda la población del país) es una prioridad la familia (llámese mamá, esposa o hijos).

“EL policía es como el payaso, puede tener el corazón partido y tiene que seguir sonriendo” (GFPG, 2016)

El trato en la Policía colombiano no es comparativamente grave pero estamos seguros que podría ser mejor sin perder la jerarquía necesaria y la disciplina que requiere un cuerpo de seguridad. El camino actual de un poco de arbitrariedad, trato descortés e instrucciones caprichosas de un superior puede llevar a hacer ilegitima la jerarquía. En nuestros tiempos aún en una Policía necesitamos que la dirección sea argumentativa y que la normatividad no emane directamente de la jerarquía sino que tenga otra fuente de consulta.

La cultura del positivo se ha golpeado y aquí y allá hay generales, coroneles y alcaldes conscientes de otras formas de medir al Policía, sin embargo sigue siendo más que común la exigencia de capturas y de incautaciones para los policías. Siendo de primera categoría las estaciones que ofrecen logros así y de segunda las que crean otros indicadores que son más de protección y de prevención.

En la cultura del positivo se nota la ceguera de la medición y la métrica cuando se imponen que las incautaciones y las detenciones tengan que ir en crecimiento en un territorio, como si el crimen siempre se tuviera que reproducir y no fuera lógico también ir logrando un descenso y acabando con el universo de ese indicador. El movimiento de los oficiales como una estrategia de anticorrupción y contrainteligencia contribuye a la ceguera de que alguien llegue pidiendo indicadores que no son propios de un territorio rompiendo lazos con la comunidad y dañando procesos sobre el tejido social que pueden producir grandes investigaciones o una amplia dinámica de protección y prevención social del delito.

El homicidio no sólo es un indicador con el que se está midiendo la Policía, sino que es motivo de castigo -lo que hace aflorar leyendas que en este estudio no se concretaron sobre mover cadáveres entre influencia de estaciones-. Que este indicador exista es una oportunidad pero también tiene que complementarse y profundizar para que la reducción de homicidios tome los caminos institucionales y sociales correctos.

Aunque no se quiere con este estudio repetir lo que ya ha sido suficientemente expuesto y argumentado por otros sobre la coordinación interinstitucional, es necesario abordar de forma práctica y no normativa desde las discusiones de los policías que surgen de la experiencia cotidiana.

Primero, no ha habido ningún ajuste institucional para que la Policía y la Fiscalía trabajen juntos porque precisamente nadie ha querido dar un paso adelante para definir si el Fiscal debe ser siempre el director de una investigación o esta posición hay que formalizarla para los oficiales de la Policía y así dejar al Fiscal en un lugar más cómodo de supervisión, quedando como una autoridad de veto sobre las investigaciones como hoy pasa. Cualquiera de los dos caminos obligaría cambios en los altos perfiles de las dos instituciones y refuerzos de capacitación.

Segundo, el ICBF (con hogares de paso y centro de detención) -y su articulación con las direcciones de infancia en los gobiernos locales y departamentales- muestra un rezago frente a la operación de la Policía y no ha desarrollado componentes integrales que se conecten y nutran de una forma inteligente (comprensiva) la política criminal.

Tercero, la alcaldía tiene que pensarse en microespacios, en horarios y en canales de comunicación para no dejar sola a la Policía con la conflictividad, las quejas y la protección. Otro órgano que parece ya ser completamente obsoleta para esto -pero que recuerda la responsabilidad de la Alcaldía- son los Inspectores de Policía.

“Es más fácil que se le acerquen a un sicólogo o a un trabajador social que a un policía” (GFPC, 2016)

“La Alcaldía debería estar con todas sus instituciones en el territorio” (GFPC, 2016)

Habiendo resuelto capacidad de descanso, trato y coordinación y territorialidad institucional, podríamos pensar cómo acabar esa desestimulante tradición clasista de que la inmensa mayoría de los efectivos de Policía que llegan a hacer una carrera como oficiales tiene que pagar un costoso curso. Los suboficiales y patrulleros destacados deberían de tener la posibilidad de un curso subsidiado para empezar su carrera como oficiales.

Finalmente, los policías merecen que las alcaldías o el ministerio del que hagan parte (en Mayo de 2017 Ministerio de Defensa) paguen siempre su abogado hasta que se demuestren que son culpables de un crimen que excede la buena fe de su oficio. Debe haber suficiente protección jurídica para que alguien inocente o que terminó en un episodio complejo o catastrófico en el cumplimiento de su deber se sienta tranquilo de tener un juicio justo. No puede haber de entrada una sanción para policías inocentes y culpables de los gastos judiciales que lo afecten a él y a su familia.

Ilustración 11 – Infográfico Mejor para la Policía. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

1)Tiempo y descanso
2)Trato más respetuoso
3)Arreglo institucional y coordinación interagencial
4)Capacidad de ascenso
5)Defensa jurídica

Homicidios

La pregunta a la Policía de por qué son asesinados los adolescentes y jóvenes en Medellín, nos vuelven a llevar a unos grupos extraordinarios (representativos de estaciones de varios tipos).

En el otro extremo, aparece casi un coeficiente de la mitad donde el victimario desaparece y la víctima es la culpable de su muerte y todas las víctimas jóvenes en Medellín son criminales o personas que afectan su comunidad o sociedad. Sobre esos estigmas se desarrolla una desesperanza a poder hacer algo y un conformismo con un sistema criminal.

“NO. Casi nunca recurren a uno. Más bien recurren a los del combo para que arreglen la vuelta. (GFPO, 2016)

Algunos policías -que es importante señalar porque no fue en un sólo grupo focal- dejan ver la lógica de que los grupos criminales le prestan un servicio a sus comunidades eliminando a alguien que las afectaba.

“Por ejemplo, una señora que era drogadicta y robaba por acá y era muy problemática. Se la llevaban para la el apoyo de la Alcaldía. Pero después volvía. Los del combo le quitaron ese problema a la comunidad.” (GFPZ, 2016)

Aquí también los rasgos conservadores se hacen preocupantes -porque más allá de entender un sistema y poder entender el punto de vista de los criminales- se llega a compartir lógicas de que una consecuencia natural de ser consumidor de drogas es terminar muerto. Esto muchas veces cae en una igualación de que un joven que no esté haciendo nada o permaneciendo mucho tiempo en el espacio público es un drogadicto y un drogadicto es un ladrón.

Desocupado = consumidor = adicto = criminal

Los policías colombianos comparten un hábito de pensamiento muy propio de los colombianos de que ser ladrón es igual de grave que asesinar, perdiendo de vista una escala moral de esto. Para una parte de los policías es una consecuencia natural que los ladrones terminen muertos y esto lo explican también por ineficiencia del aparato judicial que los suelta, le da una condena corta (para sus criterios) y nunca los resocializa (en un entendimiento claro de nuestras debilidades).

“A mí me llegó un pelado a la estación que lo iban a matar porque se había robado una alcancía. Yo le pregunté por qué había cogido algo que no era de él.” (GFPF, 2016)

“A mí me tocó en la costa con pelados de Mánrique.Querían que los capturaran porque los iban a matar los urabeños. Yo digo que les salvamos la vida.” (GFPH, 2016)

“A mí me ha tocado ayudar a la protección de adolescentes, tanto que pertenecían como que no pertenecían a combos. Lo que hice fue buscar la forma de sacarlo del barrio y tratar de mediar. (GFPÑ, 2016)

“Yo les digo cuando se me acercan es que se vayan para donde un familiar o a otra parte. Me dice que por lo menos lo acompaño a la casa y yo lo acompaño pero no tengo nada más qué hacer.” (GFPO, 2016)

Afortunadamente, como adelantábamos al principio hay muchas posiciones que revelan una fuerte vocación por salvar vidas y esto se articula a que en más de la mitad de los casos (60%) salieron experiencias de los policías directas de salvar una vida y de intentar salvarla.

Ilustración 12 – Infográfico Homicidios: Salvar vidas. Elaboración Casa de las Estrategias. 2017

“También ocurre mucho que son muchachos que son sanos y no quieren estar en el combo o volver al combo, entonces los amenazan. A mí me tocó mucho en la Loma. Uno les presta la ayuda con el protocolo que tenemos, lo trasladamos” (GFPY, 2016)

En esas historias se aprecia la paciencia y las múltiples habilidades del policía para generar diálogo, muchas veces apersonarse tanto del tema y estar tan comprometido que trabajan en la misma persuasión de un joven o adolescente para que acceda al apoyo para salvar su vida.

“Un pelado que no les quiso prestar la moto o trabajarle a los del combo y lo golpearon. Yo fui a buscar a los que le hicieron eso y los traje a la estación y hablé con ellos y ahí terminó el problema, no volvió a pasar.” (GFPZ, 2016)

“Le ayudé a un pelado a que entrara al SENA y está muy agradecido porque le trabajaba era a los pillos y ya no vive en Manrique por miedo, pero se cerró el ciclo.” (GFPC, 2016)

Es verdad que el policía muchas veces se encuentra con adolescentes y jóvenes muy involucrados en el crimen que casi que buscan su propia muerte y no están dispuestos “a salir”, ni a dejarse ayudar, pero también surgen muchas anécdotas del policía que luego de que un joven le pide ayuda, logra llevar a cabo acciones concretas (y no formales o burocráticas) como sacarlo del territorio, ayudarlo a pensar para donde cuál familiar se puede ir, tramitar para buscar un sitio donde se pueda quedar y hasta lograr oportunidades como becas de estudio en ese caso. También hay casos donde el policía enfrenta directamente la amenaza y, sin que la prioridad sea el intercambio de información para investigaciones y procesos judiciales, logra disuadir a los potenciales asesinos.

Los policías que no cuentan con esta experiencia y que tienen una posición escéptica o enfrentada sobre esta labor protectora plantean que están sobrecargados, que no puede tener un guardaespaldas cada persona que está en riesgo de ser asesinada, que el resto de la institucionalidad no funciona para esto, se sienten impotentes frente a una criminalidad muy fuerte y no creen en los adolescentes y jóvenes y menos en que puedan cambiar.

“Sí se puede decir que ahí uno que tímidamente piensa en protección pero el sistema no lo deja hacer mucho” (GFPO, 2016)

“El policía es malo hasta que el joven quiera cambiar” (GFPW, 2016)

“Uno a veces pone en conocimiento ese caso con un superior pero no le hacen caso, ¿Entonces qué puede hacer uno? Eso también hace que los niños no se acerquen porque creen que uno no sirve para nada” (GFPJ, 2016).

“Un pelado que ya sabía que lo iban a matar y llegó llorando y dijo que lo llevaran a un centro de retención, de resocialización. Le empecé a hablar sobre las cosas más en las que estaba metido. Y él se comprometió a cambia si lo llevaban a ese lugar, pero siempre volvía y delinquía y hasta que lo mataron. Uno queda con la satisfacción de que se le brindó la ayuda, se agotaron los recurso. También falta la presencia y ayuda de las otras instituciones, se necesita un engranaje entre todos y más cuando ellos no tienen voluntad, se arrepienten pero cuando pasa la zozobra vuelven y caen…” (GFPE, 2016)

Mientras la criminalidad violenta tenga más poder territorial y más poder definitorio sobre los jóvenes populares, los policías se van a sentir más impotentes y más separados de la población que tiende a ser víctima de homicidio, entonces de nuevo la pregunta es por dónde romper este ciclo.

“Lo otro que hace es buscar otro grupo delincuencial a que lo ayude. Si no pertenece a un grupo, busca uno. O busca armas y formas de defenderse. (GFPÑ, 2016)

La respuesta que queremos esbozar acá es que en medio del desarreglo institucional, necesitamos policías que vayan más allá del deber, si hacen lo que por ley están obligados a hacer someten a la víctima potencial a una tramitología que es confundirlo en una burocracia que no le va a dar respuesta a tiempo.

“Cuando le llega a uno un pelado que lo van a matar, uno le dice que ponga el denuncio, y él dice que mientras hace eso lo matan.” (GFPO, 2016)

Un policía que vaya más allá del deber, hasta que las instituciones se ajusten y evolucionen tanto como él, comprende que la protección es más importante que la sanción y es capaz de ponerle rostro a la víctima de homicidio y entender lo que el fenómeno del homicidio destruye.

“Lo primero que buscan es irse del lugar si cuentan con el apoyo de alguien más en la familia. Uno busca el apoyo institucional pero se encuentra las puertas cerradas, si uno no encuentra apoyo en la institucionalidad lo que hace es decirle para donde se quiere ir y montarlo en un carro.” (GFPJ, 2016)

Cada ciudadano debe generar la opinión (que impulse instituciones democráticas) sobre lo imperativo de la protección, cada oficial de policía debe permitir e incentivar la prioridad de la protección en el servicio de policía y así el alcalde, ministerio y legislador. Tenemos que empezar a superar la lógica de combate y arremetida para acabar la base social del crimen y recuperar territorios desde un desarrollo integral de la protección (de las víctimas potenciales del homicidio).

“Hay que ser comunitario. Muchas veces sabemos que allí hay un adolescente que necesita ayuda y no hacemos nada. Podríamos salvar una vida. Tenemos muchas herramientas para ayudar a un adolescente.” (GFPH, 2016)

El cambio estructural en el fenómeno del homicidio es un cambio cultural -donde las instituciones no pueden estar rezagadas- que va a significar un avance definitivo para nuestras sociedades.

Ese cambio requiere comprender que las personas y -en especial- los adolescentes sí cambian o -por lo menos- estar seguro que no nos corresponde a nosotros saber si esa persona va a cambiar o no. El servicio público tiene que recuperar lo simple y lo esencial del civismo sobre hacer lo correcto y lo solidario hoy, hacer la parte de cada uno sin importar lo imperfecto de ese todo -la impotencia que genere el fenómeno-.

En cuanto a prevenir homicidios, un simple novato de policía puede regalarle a una víctima potencial unas horas más de vida, llevándolo hacia la siguiente oportunidad donde otras personas, organizaciones o instituciones van a generar la siguiente protección que conforman el curso natural -y tantas veces caótico- de una vida.

Ecuación para una conclusión

Interés por proteger a una víctima potencial de homicidio: (vocación x 2 + concepto del homicidio + compañeros + entorno institucional + desarrollo social) / (control territorial criminal x 2 + abandono institucional)

Concepto de homicidio: (tipos de víctimas x 2 + móviles de homicidios) / (responsabilidad del victimario) = concepto de homicidio

Ponderación jerárquica para establecer vocación: Vocación 1: servidor, 2: proteger en condiciones interinstitucionales, 3: apersonarse

Fuentes y metodología

Grupo Focal Policía A, 2016
Grupo Focal Policía B, 2016
Grupo Focal Policía C, 2016
Grupo Focal Policía D, 2016
Grupo Focal Policía E, 2016
Grupo Focal Policía F, 2016
Grupo Focal Policía G, 2016
Grupo Focal Policía H, 2016
Grupo Focal Policía I, 2016
Grupo Focal Policía J, 2016
Grupo Focal Policía K, 2016
Grupo Focal Policía L, 2016
Grupo Focal Policía M, 2016
Grupo Focal Policía N, 2016
Grupo Focal Policía Ñ, 2016
Grupo Focal Policía O, 2016
Grupo Focal Policía Z, 2016
Grupo Focal Policía Y, 2016
Grupo Focal Policía X, 2016
Grupo Focal Policía W, 2016
Grupo Focal Policía U, 2016

Agradecemos a la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá toda su disposición para el diálogo con este estudio y una relación de varios años con el Observatorio del Delito y la Revista Criminalidad. Reconocemos en la Policía Colombiana un ánimo permanente de evolución.

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