Lissania Zelaya

La mujer joven y los procesos de transformación social por Lissania Zelaya

Realicemos un ejercicio sencillo… traigamos la primera imagen que se nos viene a la mente, cuando digo o leemos la palabra MUJER….Reflexionemos… Cuando decimos, escuchamos o leemos la palabra mujer es inevitable relacionar el concepto con lo que nos han enseñado que es una mujer, entonces seguramente visualizamos a nuestra madre, abuela o hermanas, una novia, una modelo de un comercial, una musa, una nana o incluso para algunos una cocina o una escoba…. A través de la historia a las mujeres se nos ha adjudicado el papel de los cuidos, la maternidad, la enseñanza, el hogar y junto a él; el inevitable confinamiento al ámbito privado. Somos mujeres de historia, somos mujeres de la tierra, somos una larga cadena de ancestras. En mi país, las mujeres constituimos más de la mitad de la población, sectores comerciales e industriales, maquilas y mercados se encuentran abarrotados de mujeres. Las mujeres somos las que sostenemos la economía de un desgastado y saqueado país, y aun así seguimos siendo uno de los sectores más vulnerables en cuanto a violencia social y de género. Nos acosan, nos golpean, nos pagan menos, nos venden, nos violan, nos matan, nos mutilan… ¿Pero qué tiene que ver todo esto con el arte…? Esta loca habla ¿de qué? ¿De política…de mujer…de empleo…de muerte…? Quiero hablarles de ARTE, pero no de cualquier tipo de arte, no del que se presenta en las grandes galerías y escenarios de la “alta socialite”, te vengo a hablar de ARTE-ARTE, el de la calle, el del y para el pueblo, el popular, el del oprimido, el que según Augusto Boal constituye “Un arma muy poderosa”. Las mujeres queremos dejar de ser únicamente las musas que se posan frente a otros para causar inspiración, que nos confinen al papel de madres como sinónimo de mujer realizada, queremos dejar de ser las hermanas perfectas, obedientes, la novia o la simple imagen atractiva que ayuda a la empresa a vender su producto, las mujeres queremos dejar el ámbito privado y trascender al ámbito público.

Las mujeres queremos que se nos reconozca como creadoras, como seres humanos capaces de transformar una realidad, queremos trascender del papel tradicional y jugar. Jugar como en el teatro, en la danza, en el circo, en la vida, jugar que se convierte en una acción política entre medio de tanta convulsión social. Soy una mujer “joven”, tengo 27 años y he decidido no tener hijos, cuando me preguntan si soy artista, respondo “una pobre resentida con aspiraciones artísticas, esa soy yo” es una frase de una de mis artistas favoritas “Angelica Lidell”, y es que creo firmemente que soy, el reflejo de una sociedad decadente, violenta y llena de pobreza, pero también soy la fuerza creadora, transformadora y dadora de vida. El arte es una gran herramienta de incidencia, y es atreves de la fuerza transgresora del arte que se puede lograr la transformación, la humanidad necesita arte, mucho arte y mucho amor, pero no cualquier amor, si no aquel construido en base al respeto a la diversidad a la diversidad que como humanidad somos, libre de propiedad y de estereotipos absurdos. Recuerdo muy bien que una maestra de teatro me hizo una pregunta una vez ¿Y vos que has decidido, que el mundo camine sobre vos o vos caminar por el mundo…?, es una pregunta que me planteo a diario y aunque a veces he tenido desaciertos hasta el día de hoy puedo decir que he luchado por caminar por el mundo acompañada del ARTE, DEL TEATRO, DE LOS MALABARES, DEL CLOWN, LA DANZA, LA EXPRESION CORPORAL, LA PINTURA, DE COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS que en el camino se convierten en hermanos y hermanas, porque al final de tanta convulsión social nos podrán quitar TODO menos el ARTE QUE LLEVAMOS POR DENTRO ….. Y entonces cuando nos demos cuenta de esto, sabremos que no necesitamos nada más que entregarnos a la magia del arte para convertirnos cada día en mejores y más humanos.

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