Mapa 1 – Para Romper Guetos – Segunda parte

Primeras capas para un mapa de guetos

Es necesario comprender que hay barrios o vecindarios con límites topográficos muy claros, como una autopista y un desfiladero, o una única calle, que están dentro del control de una pandilla. Lo más extraño es que aunque los integrantes de esa suelen ser jóvenes, la pandilla puede tener el mismo nombre por varias generaciones y generar un fenómeno continuo por 30 años. De esta forma un adolescente pudo haber nacido en un territorio en el que todos sus confines estaban atravesados por el riesgo de ser agredido por una pandilla, y ese territorio es un gueto criminal que usa la inmovilidad (o el aislamiento) como estrategia y define para los adolescentes una nueva inmovilidad.

Se necesita hacer un inventario de guetos criminales, tener una ruta de largo aliento como ciudad sobre todos los lugares a recuperar y empezar por los obvios, pero también con los que se tiene suficientes herramientas institucionales para recuperar. Lo que sucede en estos espacios es que los criminales se convierten en mafia cuando intervienen decisivamente o definen economías informales, luego legales y finalmente dinámicas sociales desde la movilidad y la vivienda, llegando a intervenir en las relaciones y la sexualidad.

Poner el acento en la recuperación espacial y con tácticas microespaciales para que realmente se interrumpan dinámicas mafiosas, es poner en el centro la ciudadanía, la protección, y no en el criminal (que a veces termina en el centro estratégico por buenas intenciones o las tesis que tengamos sobre la superación de la inseguridad). Esto resuelve el problema que puede ser percibido como capacidades regenerativas de los grupos, pero que en síntesis es volver a capturar muchas veces a un cargo o función en un organigrama criminal (primero al mando, segundo al mando, jefe de finanzas) y que hace del desmantelamiento de bandas logros poco duraderos.

El orden de los factores sí altera el producto en seguridad ciudadana para no exponer a la población, no generar vacíos y traicionar la confianza de la ciudadanía que es muy lenta de reconstruir. La estrategia acá es preparar terrenos y contener la violencia, aplazarla lo suficiente, para que la relación tejido social e institucionalidad disminuya al máximo el riesgo de la población, quedando prácticamente cauterizada y sin el terreno de la víctima.

Un problema definitivo que un alcalde puede ayudar a resolver es la incapacidad y la falta de intención de las fuerzas del Estado para ocupar un territorio y no permanecer en él por más de un par de meses. Es importante repasar que esa salida genera catástrofes y retrocesos. La recuperación gradual y definitiva de un territorio tiene que generar rápidamente tranquilidad para el poblador, porque la recuperación es primero para los que viven ahí y luego para el resto de la ciudad. Una política de seguridad nunca debería de caer en cuidar una parte de la ciudad de otros barrios, como si se tratara de contención y no de la dignidad y de calidad de vida en el barrio donde hay una pandilla o controla territorio una mafia.


Se puede trabajar en los avances concretos, medibles y narrables de recuperaciones de vecindarios y en paralelo aumentar capacidades (mejorando o desarrollando herramientas institucionales). Desarrollar herramientas institucionales es definir protocolos, procedimientos, rituales (de servicio) y símbolos (uniforme y gestos). Para esto hay que generar o consolidar talento humano y protectores críticos en la ciudadanía.

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