El poder del gesto frente a familias víctimas de homicidio en Medellín.

En 2017 acompañamos en Medellín a 56 familias de 58 víctimas de homicidio presentándonos, cometiendo arte y dialogando.

Medellín tiene 21 territorios, de los cuales en 20 se presentan homicidios (en un año) y hemos atendido familias de 17 territorios, que equivalen a las comunas y corregimientos de la ciudad con más homicidios en el último año[ Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia, 2017].

Esto lo hemos llamado Rituales Vivos y se basa en la la experiencia del sicólogo Faber Rámirez, en la experiencia artística y de trabajo social de Agroarte y la investigación y gerencia de Casa de las Estrategias.

En la primera fase nos presentamos a pedir perdón en nombre de la ciudad. Por más que sea la más sencilla es el obstáculo definitivo y podríamos decir que después de eso todo fluye. Nosotros lo logramos con información institucional diaria -que nunca incluyó números telefónicos o algún dato de contacto- entonces requeríamos de una red. Podríamos separar los casos en dos tipos: los que cuentan con un intermediario -con legitimidad por su labor social y cultural- y a quienes visitamos en el propio entierro o velorio. A la fecha sólo dos familias han rechazado nuestro acompañamiento.

Aprendimos a generar una relación de confianza con funerarias y cementerios que creyeron en nuestro trabajo. También logramos poner una valla en Medicina Legal con un número celular. Después del décimo Ritual Vivo estandarizamos llegar con una planta.

En la segunda fase la re-composición o rectificación es poner en un lugar bonito de la memoria de la ciudad y la memoria de la familia al ausente con un mural, un retrato o un pequeño jardín. De la mayoría de los casos han surgido textos de sacralización de la cotidianidad compartida con sus seres amados.

En la tercera fase se emprende un diálogo con una persona de la familia primero para tramitar cualquier asomo de culpa, luego lograr una aceptación y -finalmente- para habilitar a la persona frente al afecto: volver a amar y a permitir ser amado. En este punto invitamos a este familiar a que se convierta en parte activa de una red solidaria frente al homicidio y así que acompañe a otros familiares en los momentos por los que ya pasó. Estamos en la construcción de espacios de encuentro mensual de culinaria y costura entre madres de jóvenes asesinados.

“Estas cosas son buenas porque aprendemos a inclinarnos la una a la otra y sobrellevar el dolor.”

“A mí me ha servido demasiado, en qué sentido, en el sentido en que uno se siente acompañado.”

“Yo en mi vida había asistido a algo tan conmemorativo (…), es dar vida a través de las plantas, porque le quitan la vida a una persona y se la devuelven por medio de las plantas, de la naturaleza, como quien dice -esto no se puede acabar-.”

Las madres con las que hemos trabajado son muy generosas con un trabajo que es concreto y acotado. Un testimonio que nos hizo sentir seguros del impacto de nuestro proceso es el de una madre que ha perdido a dos hijos por el homicidio y que lleva a cabo la comparación del duelo en cada uno de los casos:

“Uno se puede enloquecer, uno puede perder el sentido. (…) todos lo tomamos de una forma diferente (…) pero yo (…) con Andrés que no tuve ningún acompañamiento (…) me dio más duro (…). Y yo le doy gracias a dios: dios da la llaga y da la medicina, porque donde no fuera por esto, por encontrarlos a ustedes, me hubiera ido peor que con Andrés.”

Este no es el terreno del heroísmo ni tampoco el de la solución integral, nuestra tesis consiste en el poder del gesto. La filosofía es poner en el centro el dolor de las personas y dejarnos de declarar impotentes desde un lugar completamente ciudadano. Contamos con la evidencia de que son madres pobres cabeza de hogar las que están recogiendo un cadáver en Medellín[ Conversación Quebin Mejía, 2017, Director Regional Noroccidente Instituto Nacional de Medicina Legal. ]. Ellas se enfrentan muy solas a una institucionalidad que en su conjunto termina siendo muy torpe y -por lo tanto- hiriente. Nos preguntamos por qué -entre levantamientos, entregas de cuerpos y las investigaciones criminales- nadie del Estado aparece para pedir perdón y reconocer nuestra derrota.

En Medellín no hay ningún seguimiento social a las familias víctimas de homicidio; en estas familias puede crecer -con justa causa- el resentimiento de niños y adolescentes que no sólo vieron que la ciudad funciona con una lógica de poder violento, sino que vivieron nuevos ultrajes tras el homicidio -como el desplazamiento forzado- y sintieron que una ciudad -por indiferencia- les dio la espalda en el peor momento.

Cambiamos por completo el correlato del homicidio de una familia y aseguramos la dignidad de la víctima en la memoria de la ciudad.

Cada ciudadano puede ser un artista -sembrando, haciendo dibujos o escribiendo la historia digna de ese ausente- y hasta un sicólogo -si solamente escucha, se pone en los zapatos del otro y juega el papel de reconocer la derrota de perder a ese ser amado necesario para esta ciudad-.

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